DICES TÚ DE MIR...

MI NIVEL DEL AEROPUERTO

24...

...Y todavía juego a videojuegos, y no, no he matado a nadie.

NOTA:Esta entrada es más propia de "Anait Games" que de dicestudemir, pero esta semana aparte de envejecer un año más y de tener una pequeña crisis propia del aislacionismo al que nos vemos sometidos los opositores no me apetece nada hablar del MIR ni de la medicina ni de nada relacionado con libros o batas blancas. Si queréis dejar de leer, nadie os va a juzgar por ello.

Infiltrarse en un grupo terrorista es un trabajo sucio, uno de esos trabajos que nadie quiere. Riesgos, muertes innecesarias, una condena al olvido o a recibir una bala entre ceja y ceja. Es un trabajo sucio, pero alguien lo tiene que hacer. Alguien tiene que bajar a los infiernos y pelear para traerse a Beatrice. Mientras nosotros dormimos en nuestras fortalezas de palillos, hay hombres y mujeres que arriesgan sus vidas para fortalecer los cimientos de nuestros débiles palacetes. Nadie sabe qué se siente ahí dentro, por muchos libros y muchas películas que se hayan escrito, da igual. Quizás "Infiltrados" se acerque un poco a ese cúmulo de sensaciones, de odio, rabia y temor contenidos, la contrariedad de hacer el bien siendo uno de los malos. Es dificil plasmar esa cruda realidad, pero Infinity Ward lo ha conseguido ¿y qué ha recibido?, palos, prohibiciones, censuras absurdas y dedos índices acusadores al más puro estilo Fernando Hierro.

Hace mucho que los videojuegos han dejado de ser juguetes para convertirse en vehículos de historias, pero aún hay quien no se quiere dar cuenta. La sobrecogedora historia de "Silent Hill 2", los problemas de Niko Belic para huir de su pasado y adaptarse a un nuevo país en"Grand Theft Auto IV", el renacer de la novela noir de "Max Payne"...Son claros ejemplos de que los videojuegos pueden mostrarnos algo más que fontaneros saltando sobre setas y erizos azules que corren a toda hostia por mundos bizarros. A pesar de ello hay quienes siguen arremetiendo con fiereza contra este wait for it...ARTE. Porque hoy en día el arte ha escapado de los museos y se ha metido en DVDs y BluRays. Llámenme paleto o inculto, pero no puedo sino carcajearme una y otra vez cada año con los reportajes de ARCO, esas "obras de arte" en los que cogen a un maniquí y lo rodean de alambre de espino..."quería enseñar a la gente la angustia de la guerra". Señor, ¿usted pretende burlarse de mí?, juegue a "ArmAII" y sentirá la angustia de un soldado en el frente, la crueldad del hombre, el peligro, el compañerismo y el temor, eso es la guerra, sin héroes ni derrotados. Juegue a "Bioshock" y compruebe hasta qué límites se puede llevar la ambición de los hombres. Juegue a "Lost Odyssey" y descubra tradiciones, enseñanzas y filosofía japonesa. Viva un lienzo en "Okami" o "Prince of Persia".

Hace mucho tiempo que los píxeles dejaron de ser algo exclusivamente infantil, pero a pesar de ello los padres siguen sin fijarse en el código PEGI cuando compran juegos a sus hijos, y es entonces cuando saltan las alarmas y vienen los madresmias. Si un niño juega la escena del aeropuerto de "Modern Warfare 2" y ello le trastorna de algún modo, la culpa será única y exclusivamente de sus padres, no de Infinity Ward. Si el chico que entró en su clase con una ametralladora en Alemania y jugaba a "Far Cry" mató sin compasión no es culpa de Crytek, sino de sus padres que no le dedicaron el tiempo necesario a su hijo. Pero necesitamos que el estado nos proteja y nos cubra con esa falsa manta de artificiero, que nos proteja mientras todo explota a nuestro alrededor. Y es por eso que al igual que queremos que arresten a traficantes, prohíban las películas violentas, prohíban el alcohol, el tabaco y los besos en la boca, queremos que persigan a Rockstar, a Infinity Ward, a Tecmo y a quien quiera que sea que programe esas cosas tan malvadas, esos Nintendos diabólicos. El mismo estado que días después de prohibir los juegos violentos, es capaz de declararle la guerra al vecino. Eso es mucho más fácil que limitar las horas de juego y aguantar los berrinches o pasar un rato con los niños hablando acerca de cómo les va, cómo se encuentran, qué les gusta... en definitiva, ser padres.



"Las puertas del ascensor se abren, Makarov suelta un montón de paparrucha nacionalista, deseas apretar el gatillo de tu M60E4 y dejarle morir en aquel frío suelo del aeropuerto, pero pondrías en riesgo millones de vidas. Cruzas las puertas, y la matanza comienza, tú te sobrecoges, una lágrima cae sobre el pad, si no disparas te dispararán. Aprietas el gatillo de la repetidora haciendo gala de la peor puntería jamás recordada por el hombre, evitando objetivos, arrasando carteles y bancos, evitando a todos esos inocentes... Un escalofrío te recorre la espina dorsal, el odio se adueña de tí, quieres acabar con Makarov, pero supondría arriesgar la vida de más gente inocente y no podrías vivir con ello. Crees que puedes dominar la situacion cuando las fuerzas especiales empiezan a arremeter contra tí, cuando te acercas la última puerta, entonces es cuando te das cuenta de la cruda realidad...y no puedes hacer nada...otra lágrima de impotencia y rabia nubla tu vista, después, después sólo hay silencio."


Call of Duty:Modern Warfare 2, nivel del aeropuerto, relato de Vitote

PD:Sé que si jugáis a "Braid" os encantará a todos los que os soléis pasar por aquí, jueguen a esta joya indie y cambiará su percepción de este mundillo.

MI ARROZ CON AJO

7 años atrás...

Chica problema:"Siento que después de este concierto no voy a volver a verte jamás"

Vitote:"Eso sólo depende de tí"

Chica problema:"Por eso mismo"

Sábado pasado...

Jor:"¿Entonces?"

Vitote:"Ya no me importa una mierda, ella se lo pierde"

Jor:"¿Como?¿Qué le habéis hecho a Vitote?¡Hijosdep...!"

Vitote:"La edad, los chascos, el MIR..."


Siete años hace que ví a "La Cabra Mecánica" por primera vez en directo, había empezado su éxito comercial y se empezaban a rodear de gente no muy recomendable, esa clase de gente que mina por dentro a los grupos y a los artistas, esos individuos que te trasladan del boca a boca a la lista de los 40 principales y del bar con los colegas, a despertar en baños de discotecas. Por aquel entonces ví al Lichis encorsetado, cumplidor pero amodorrado rodeado de la gigantesca orquesta de la infame gira "Ni jaulas ni peceras", teniendo que tocar el dichoso "No me llames iluso", sin tocar las grandes "Malacara" o "Arroz con Ajo". El sábado volvió a Salamanca, con una banda pequeña en el aún más pequeño escenario del Irish Rover, pero no sé por qué a mí me parecía todo más grande. El señor Miguel Hernando salía al escenario sin superventas, sin corsés, preguntando cómo había quedado el Barça al público, comentando lo mal que nos iba a los atléticos, pidiendo cigarros al público para el resto de la banda, contando que está "hasta los... de tocar siempre las mismas dichosas canciones", que "No me llames iluso" fue un craso error, que les dedica "Gracias por nada", que tiene ganas de dejar de ser Lichis para volver a ser él mismo.

Hace siete años, Miguelito vivía un momento dulce en su carrera y no sabía lo que se le avecinaba, la cantidad de buitres que se aprovecharían de él, de su talento y de su alegría. Le robaron la sonrisa, le dejaron tirado y escapó de Madrid a Barcelona. Después llegó "Hotel Lichis", y con él, el reencuentro con aquellos que empezamos a escucharle con "El Cabrón". Cuando a uno le sonríe la vida, todo el mundo quiere acercársele, se ponen detrás tratando de comprobar si ese éxito tiene alta tasa de infectividad. Pero cuando suena el cambio de tercio, los maletillas se marchan y sólo quedan torero y muleta.

Hace siete años fui a un concierto de "La Cabra Mecánica", me llevé uno de esos chascos de final de la adolescencia, de esos que patean tu autoestima como si del mismísimo Mufasa se tratase. Digamos que, al igual que el Lichis, caí en una serie de conductas repetitivas y autodestructivas, pero sin incluir fármacos de dudoso origen y "señoritas que fuman"( como diría Núñez).

Miguelito llegó hace poco a una conclusión, y decidió dejar de ser Lichis y dejar "La Cabra Mecánica". Miguelito ha vuelto a tocar "Malacara", yo he vuelto a invitar a whisky nacional con billetes enrollados...

MI VIAJE DE DESPEDIDA

Tiene casi 30 años y es preciosa. Con ella he tenido la relación más estable de toda mi vida, no la habría cambiado por nada en el mundo, pero los años no pasan en balde y mi familia decía que no podía ser, que es demasiado mayor para mí y que no me ven seguro saliendo con ella. Pero yo la quiero con todo mi corazón, nos conocemos desde que tenía nueve años y siempre he estado enamorado de ella. Ella me ha llevado a todas partes, ha sido ese cascarón cálido y protector que todos necesitamos en nuestras vidas. Pero se ha tenido que marchar, nos hemos tenido que separar. Al menos, nos quedó un último viaje juntos, escuchando canciones de Quique González, fundidos en uno cosa que ha pasado menos veces de las que a ambos nos hubiese gustado.

Ella es Merche, el viejo Mercedes 250 de mi padre, el coche de mi vida."Pero Vitote¿por qué un nombre de chica?". En primer lugar, porque venía de serie, no es como Rogelio mi Ford Fiesta, que se ganó el nombre él solico. Merche no es un coche, es "ma voiture". Es difícil empezar con ella, al principio dudas sobre sus tiempos, no sabes por qué te da esos tirones, por qué parece tener vida propia, porque quiere ser ella quien te gobierna a tí y no tú a ella. Tienes que hacerte a su embrague, manejarla con delicadeza y precisión, si eres brusco con Merche, te castigará, la odiarás, pero no podrás resistirte a ella y acabarás sucumbiendo a su suavidad y comodidad. Conducirla durante estos años ha sido compicado, hemos tenido nuestros roces, yo no quería tocarla, ella me maltrataba con unos tirones infernales, me torturaba aparcando y me hacía odiarla cada vez que hacía algún ruidito extraño. Al final sucumbí a ella. ¿Quién nos iba a decir que iba a ser yo quien le hiciese su último viaje?. El domingo por la mañana, por la carretera en la que nos conocimos, por la carretera en la que la conduje por primera vez. Fue entonces cuando me dí cuenta de todo lo que habíamos pasado juntos, de lo perfecta que era a pesar de sus exigencias y de cómo le iba a echar de menos.

El adiós fue duro, mi padre, mi madre y yo la dejamos dormidita en su nueva habitación. La nostalgia se apoderó de nosotros, cada uno pensaba en el momento en que más se había sentido unido a Merche. Yo me quedo con el verano en que se convirtió en "ma voiture", con los sacos de recuerdos de viajes interminables a horas intempestivas, con su calefacción que me daba dolor de cabeza y con su aire "acondición del tiempo", con el calor de julio en la estepa castellana... Tantos momentos con Merche.

Quizás volvamos a vernos pronto, quizás esto sea sólo un hasta luego, no lo sé, pero sea como sea, lo que sí sé es que siempre formará parte de mí.

MI INCERTIDUMBRE

"El observador, por el mero hecho de cumplir su papel, altera aquello que observa o mide, existe siempre una variación, una incertidumbre"

Werner Heisenberg, físico alemán

Cambio de estación, cambio de manga corta por manga larga, cambio de...bueno, mi Atleti no cambia ni queriendo, y sobretodo, cambio de vuelta. Segunda vuelta.

Esta semana me encuentro especialmente cansado, quizás sea porque no hay clase y he decidido bajar el ritmo, y cuando desconectas un poquito más, el cuerpo se viene abajo. El lunes empieza lo que se cree que es el edificio del MIR, si la primera vuelta son los cimientos, en la segunda empezamos a poner esos ladrillos que nos harán subir como la espuma, hasta donde podamos llegar. Eso no dirá nada de lo buenos que seamos, sino de lo bien o mal que hemos estado un sábado por la tarde. Injusto...en parte.

Al acercarse la segunda vuelta te cuestionas a tí mismo, miras tu puesto actual, te deprimes, miras hacia el futuro, y te ves fuerte estudiando como un campeón, te ves cual Alonso sobre un futurible Ferrari, imbatible. Pero miras de nuevo a la pantalla que te dice lo torpe que has sido estos tres meses, y sientes un poco de vacío. Quizás, por el mero hecho de haber visto ahora tus errores hayas cambiado tu velocidad, tu posición o incluso tu espín, cual electrón heisembergiano. En definitiva, a pesar de lo que digan las mediciones en este momento, no tenemos ni puta idea de dónde vamos a estar el día 23 de enero. En el fondo, todos somos como ese gato de Schrödinger, no se sabe si estamos vivos o muertos hasta que nadie abra la caja de una maldita vez.

Nos pasamos la vida quejándonos de nuestra mala suerte, de la malicia del profesor de turno, del árbitro... No nos damos cuenta de que nosotros mismos somos nuestro propio lastre, de que la suerte favorece a los espíritus bien preparados y de que debemos agarrar el toro por los cuernos. De ahí que esta semana haya bajado el ritmo, porque a veces hace falta apartarse un poco del mosaico para ver la imagen que forma. Porque a veces es más productivo meterse en un autobús y pasar cinco horas en él para ver a quienes echas de menos, porque a veces merece la pena escaparse de casa a las diez de la noche para despedir a un viejo amigo que se marcha. Porque las barras de los bares, los bancos de los parques, los oídos receptivos, aportan más que cualquier eslogan prefabricado o que cualquier libro de autoayuda. Porque a veces el observador, por el mero hecho de observar, es capaz de cambiarlo todo.

MI LÍO CON SOPHIE AUSTER

Paca:"Joder, yo pensaba que me iba a leer algún día en tu blog"

Vitote:"Vale, vale"

Paca:"Ahí en plan "y de repente entró Paca, tarde como siempre" o algo así"

Vitote:"Tomo nota, tomo nota"

(Nota:Paca es un tío, Francisca es un nombre que se está perdiendo...snif, snif)



Me levanté de un salto, mi habitación parecía mucho más ajena de lo que era ayer a pesar de que todo estaba en su sitio. Mi butaca verde, mi póster de Marea, "Candela" apoyada en su soporte, el cuadro de B inspirado en uno de M.C. Escher en la pared, la 360 huérfana, y un libro negro apoyado sobre otro blanco cuya portada rezaba "Enfermedades del Páncreas e Hígado y Cirugía General". Cogí aquel libro, lo abrí, "Un hombre en la oscuridad"... de repente empecé a recordar, todo estaba borroso, como en un sueño, pero más tangible y aquel libro había sido el detonante. No uno de esos bizarros sueños que suelo tener, en los que paseo por el Sahara subido a un dromedario llamado "Alí", en busca de aventuras, sino algo más feliz, lo que paradójicamente me ha convertido en un hombre atormentado desde el momento en el que abrí los ojos. Por eso decido tomarme un segundo sobre la cama, para cerrar los ojos y tratar de rescatar alguna de esas imágenes que me habían hecho sentir tan pleno.

Una casa, blanca, con un gran jardín, no parece mía, a pesar de que me pueda ver a mí mismo a lo lejos, apurando una taza de café. Hay una mesa y una máquina de escribir, es la vieja Olivetti Baby que mi madre me regaló cuando era un mico. Con ella escribía aquellas cartas que, bueno, alguien guardará, o habrá quemado, o habrá enterrado bien hondo, yo que sé. Lo que sé es que me arrepiento de haber escrito aquello, y de haber dicho todo aquello. El caso es que cuando todo pasó guardé la máquina de escribir en un armario y no la volví a sacar. Me encantaba el ruidito que hacía, me sentía como un escritor de verdad a mis tiernos 15 años. Aparece una mujer tras el cristal, lleva mi vieja camiseta del ADUS, se acerca a mí y me abraza por detrás. Por momentos me recuerda a Elika, pero tiene el pelo más claro y unos ojos verdes que atrapan. Ahora recuerdo su cara, ahora reconozco la casa, ahora todo se aclara. Tras el abrazo, me acerco a la silla y comienzo a aporrear las letras con gran agilidad, ella se acerca a mi hombro y me susurra "no tardes", la ignoro y sigo embebido, como extasiado, atrapado por la cinta de tinta y la barra espaciadora. Folio tras folio, me duelen las manos, pero aunque ataque el tunel carpiano, parece que esté en racha. De repente termino, me agacho y hay una botella de Jack Daniel´s, la abro y cubro el fondo de la taza, me lo bebo de un trago, me levanto y entro en la casa. La veo tendida sobre la cama desnuda, respirando lentamente, mirándome con sus ojos verdes, me acerco a su oído y le susurro "ya lo terminé", de repente sonríe, pero dos lágrimas escapan por sus mejillas buscando su boca...quién no buscaría esa boca. Se incorpora, me besa y siento como si sus manos estuviesen escarbando dentro de mí, "ya está, lo has conseguido, mi trabajo aquí ha concluído, pronto vendrán a buscarme, así que...", me besa, "aprovechemos lo que nos queda". Ese pequeño momento en el que todo parece haberse alineado, en el que todo es tan perfecto que no sabes bien cómo has llegado hasta él, ese instante, tan efímero, que "Zelda´s Lullaby" me devuelve a la realidad.

El libro me hizo conectarlo todo. "Un hombre en la oscuridad", me dí cuenta de que no había sido un sueño, de que aquello había sido jodidamente real, que Sophie Auster me había besado y que había terminado de escribir "Versos Coagulados", que ella había sido mi musa de verdad, como lo fué del pobre Martin Frost. Que algún August Brill, o algún Míster Blank, me había empujado a aquel universo paralelo en el que no tenía que madrugar para estudiar, que me dedicaba a lo que más me gusta, que es contar historias, pero en el que me arrancarían a mi musa en cuanto acabase mi obra. Afortunadamente, "Zelda´s Lullaby" me rescató de vivir cómo se la llevaban de mis brazos.

Cuando te pasas tanto tiempo pegado a los libros, cuando tienes las manos asquerosas de tanto fluorescente, cuando las semanas duran menos de 48 horas, soñar te mantiene despierto. Es muy importante dormir bien, y sobretodo levantarse así, con una sonrisa de añoranza y plenitud.