MI BANCO

Jg:"¿Qué tendrá este banco?"

Vitote:"Este banco es parte de nosotros, es nuestra vida, aquí he vivido algunos de los momentos más grandes. Supongo que cuando me siento aquí tengo la sensación de reencontrarme conmigo mismo, con todos los Vitotes, con el de 8, el de 16, el de 18 y el de 23"

Jg:"¿Qué coño llevaba tu bourbon?"

Vitote:"Bourbon...y hielo"

Jg:"Mira, una ´treia fungá"

Vitote:"Joder, te tocan todas a tí, elige bien lo que deseas"

Jg:"Una Gibson SG"

Vitote:"Para variar ¿no?"


Los tiempos cambian, la gente evoluciona, exnovias que se casan, amigos que se emparejan, que se apañan, trabajos precarios, responsabilidades, ahijados, oposiciones... Parece ser que lo único que no cambia es el banco del parque de mi pueblo. Pensaba que este año no iba a sentar mis posaderas en él, a arreglar el mundo y a prometerle a las estrellas que volveré a sentarme allí al año siguiente. Pero el sábado, tras una emotiva tarde en la que me convertí en el Padrino de un niño de diez meses que cada vez que se me agarra fuerte al cuello me hace sentir útil por primera vez en mi vida, como si todo lo que hubiese ocurrido antes no sirviera de nada; una llamada telefónica me sorprendió cuando me aflojaba la corbata "Tío, estás en el pueblo","Sí, vente a "El Pajar", por favor".

Conocemos a cientos de personas cada año, algunas se marchan para siempre tras una noche, otras se quedan y nos hieren, muy pocas permanecen en nuestra agenda y de esas pocas, caben en los dedos de una mano las que realmente importan. Esos con quienes pase lo que pase, siempre están ahí, gente desengañada con quien puedes permitirte el lujo de sentirte como en casa. Es por eso, que a pesar de que uno esté rodeado de gente, cuando las piedras y las palabras te quiebran los huesos, necesitas a ese grupúsculo para que reduzca tus fracturas y te ayude a levantarte. Pertenecer a ese pequeño club, es un lujo. Siempre he valorado más a quienes me ayudan a levantar un vaso en la barra de algún sucio bar cuando todo parece perdido, que a quienes están cuando el viento sopla a favor y vas subido a caballito a lomos de Usaín Bolt. Por eso siempre es un honor ayudar a otro a levantarse, porque cuando caes no quieres fuegos de artificio, quieres puchero a la lumbre, ansías baraja, brasero y bino( si no las 3b no quedan bien), necesitas el banco del parque. Porque aunque el mundo se derrumbe, el banco sigue firme, sigue siendo ese lugar especial.

La gente evoluciona, yo tengo la sensación de haberme quedado en ese banco. Y, ¿sabéis qué?, me gusta, es cómodo y honesto, con un cielo estrellado que arropa, con una compañía inmejorable, que te conoce, que huye de frivolidades, que dice las cosas crudas y "por tu bien". Que recuerda que a pesar de que otros vieran "una ´treia fungá" primero, sabe que nosotros fuimos quienes pedimos el deseo, que nosotros fuimos quienes se rieron en su cara, quienes dieron esquinazo a rameras de ojos preciosos e intenciones tenebrosas, quienes nunca miran por encima del hombro, por muy altos o bajitos que sean. Es bueno volver a casa, de vez en cuando.

2 Anotaciones sagaces:

Neus dijo...

Me encanta el banco. Los mejores amigos siempre se sientan a nuestro lado en el banco cuando nos hace falta, y yo soy de las que opina como tú - estar cuando todo son risas es fácil, estar cuando las cosas se tuercen tiene muchísimo más mérito.


A cuidarse mucho!

Alice Springs dijo...

Yo no tengo un banco fetiche, sino una mesa de un bar en la que siempre llamea una vela. Allí es donde me siento, lloro, río, ayudo, me ayudan, disfruto, sufro, recuerdo, imagino... donde vivo.
He llegado a la conclusión de que las personas que importan no se cuentan con los dedos de las manos, sino con los huesecillos del oído...
Besicos de limón.
P.D.: I'm back in Pallantia city :D